Las fugas más sorprendentes de la historia

A lo largo de la historia muchos personajes lograron fugarse de prisión, sin importar los obstáculos que encontraban a su paso, ni la extravagancia de sus planes. Las ansias de libertad siempre han impulsado al ser humano a practicar el escapismo, bien sea de una cárcel, de cadenas como Harry Houdini, o de una room escape. Todos hemos oído hablar de la fuga de Alcatraz o de El Conde de Montecristo, de Dumas, pero seguro que las siguientes cinco historias, menos conocidas, te van a sorprender:

La persistencia de Casanova

El seductor Giacomo Casanova, encarcelado en 1755 en la Piombi o Prisión de los Plomos de Venecia, por impiedad y práctica del esoterismo, pasó un año excavando en un rincón de su celda para construir un túnel que le llevaría a la libertad. Aunque las paredes y techo de la cárcel veneciana se hallaban cubiertas de plomo, un simple barrote de hierro sirvió a Casanova de herramienta para lograr sus deseos. Aunque fue cambiado de celda durante sus trabajos, la amistad de un monje de la celda continua le sirvió para continuar con su propósito, y ambos lograron escapar.

El jesuita que escapó de la Torre de Londres en una barca


El protagonista de esta famosa hazaña fue John Gerard, un sacerdote jesuita inglés encerrado y torturado durante tres años en la Torre de Londres por practicar su fe durante la era isabelina, en la que la iglesia católica estaba sujeta a persecución. Con la ayuda de otros miembros de la clandestinidad católica, Gerard escapó con una cuerda que le lanzaron desde el pozo de la Torre, en la noche del 4 de octubre de 1597. A pesar del hecho de que sus manos aún estaban destrozadas por las torturas que había sufrido,se deslizó por ella hasta alcanzar la barca que le esperaba en la oscuridad del foso.

Un túnel a través del «infierno de las ratas»


Una vez más, es por un túnel, excavado en el sótano de la prisión más segura de la Guerra de Secesión, la de Libby, en Richmon (Virginia), por dónde lograrán alcanzar el exterior un total de 109 soldados de La Unión, de los que 59 llegarán a sus filas. Quince de ellos fueron los encargados de excavar durante 17 días en una zona abandonada del sótano, oscura y llena de ratas, que era conocida por los presos de guerra como «el infierno de las ratas».

Un arma… ¡De jabón!


Aunque ya había protagonizado varias fugas violentas en el pasado, fue en 1934 cuando el atracador de bancos, John Dillinger, desplegó toda su creatividad en un escape de una de las prisiones más seguras de Estados Unidos, Crown Point, en Indiana, y que le catapultaría a la fama. Convirtió una pastilla de jabón en un falsa arma tan convincente, que consiguió atemorizar a los guardias que le custodiaban para que abrieran su celda y huir así, tras haberlos encerrado. Convertido en un mito, su aura persiste hasta nuestros días, quedando este episodio recreado en películas como Enemigos públicos, protagonizada por Johnny Depp, o incluso nombrando a un grupo de metal, «The Dillinger Escape Plan».

Fugas de altos vuelos


Mucho más sofisticada resulta la herramienta que utilizó, hasta cinco veces, el criminal francés Pascal Payet, para eludir la justicia y experimentar su particular room escape. Las nuevas tecnologías permitieron a sus compinches y a él, hacer uso de un helicóptero en todas las ocasiones, las más famosas en los años 2001, 2003 y 2007.
El 12 de octubre de 2001, escapó de una prisión en la aldea de Luynes, en el departamento francés de Bouches-du-Rhône, a bordo de un helicóptero secuestrado. Estuvo prófugo durante seis años y en este intervalo, en 2003, organizó otro escape en helicóptero de la prisión de Luynes, esta vez de tres compañeros de andanzas y que habían sido arrestados con él.
En julio de 2007, de nuevo capturado, Payet era uno de los presos más custodiados en Francia y nunca estuvo en la misma prisión durante más de seis meses. Había sido clasificado oficialmente como un «détenu particulièrement surveyillé«, o un prisionero bajo vigilancia especialmente alta, y puesto en régimen de aislamiento. A pesar de estas medidas y aprovechando las celebraciones del Día de la Bastilla, cuatro hombres enmascarados secuestraron un helicóptero en el aeropuerto de Cannes – Mandelieu. Lo usaron para liberar a Payet de su confinamiento solitario en una prisión en Grasse. El helicóptero aterrizó algún tiempo después en Brignoles, en la costa mediterránea, donde el piloto fue liberado ileso y Payet fue huyó una vez más, con el récord de planear la mayor cantidad de escapes en helicóptero en su haber.

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