En busca de los escapistas más famosos de la historia

Muy probablemente, el nombre de Harry Houdini sea el primero que nos venga a la cabeza al oír hablar de escapismo. Sin embargo, el arte de desembarazarse de cualquier tipo de atadura o de salir airoso de cualquier trampa o encierro no se limita solamente al gran ilusionista norteamericano de origen austrohúngaro. De hecho, otros antes que él ya demostraron su asombrosa habilidad para llevar a cabo lo que el anonadado público que los contemplaba jamás sería capaz de hacer. Veamos entonces algunos de los escapistas más famosos de la historia.

Estos denominados «artistas del escape» llevan liberándose de camisas de fuerza, cuerdas o esposas para, posteriormente, encontrar la salida de la cubeta de agua, jaula o barril donde ellos mismos se han confinado, desde antes del siglo XX. Concretamente, en 1860 será cuando hallemos uno de los primeros espectáculos con tintes escapistas. Se trataba de los hermanos Davenport, que, ante un abarrotado público, consiguieron liberarse de una serie de cuerdas. Pero no fue hasta años más tarde cuando la palabra escapista» comenzó a usarse; algo debido al ilusionista, y también propio «artista del escape», Norman Murray Walters.

Algunos escapistas famosos de la historia


Obviamente, el escapista precisa tanto de una gran inteligencia e ingenio como de una notable fortaleza y flexibilidad. Tales cualidades fueron reunidas en Allan Allan, Dorothy Dietrich, Steve Santini, Jonathan Goodwin, Bill Shirk o Anthony Martin, por citar unos cuantos.

En el caso de Allan Allan, nacido en 1926, hay que hablar de sus dos más famosos números. Este británico lograba liberarse no solo de una camisa de fuerza, sino, además, de una en llamas. Asimismo, conseguía salir de una caja enterrada a tres metros de profundidad. La norteamericana Dorothy Dietrich aparece entre los cuatro magos más destacados de la historia. Se trata de la primera mujer en el mundo que consiguió liberarse de una camisa de fuerza a la vez que estaba suspendida por una cuerda en llamas a cientos de metros de altura. Hablar del canadiense Steve Santini es hacerlo de un «artista del escapismo extremo». Conocido por sus fugas carcelarias, ante todo destaca su espectáculo en la cárcel de Quebec, en la que se liberó de treinta kilos de cadenas, esposas y candados y abrió su celda y la de otro compañero. Todo ello en tan solo ocho minutos y sin herramienta u objeto algunos.


En el caso del joven galés Jonathan Goodwin, aparte de su famoso número de La huida del patíbulo, en el que es colgado por el cuello de una soga, destacan su huida de un cajón lleno con cincuenta mil abejas y su fuga de una jaula circundada por tiburones. El norteamericano William Shirk Poorman sobresalió a finales de los años 70, periodo en que logró diversos récords mundiales; uno de ellos, el de zafarse de una camisa de fuerza en solo cuatro segundos y medio. Indudablemente, hay que citar también su entierro durante setenta y nueve horas junto a una serpiente pitón de tres metros, una serpiente ratonera y dos tarántulas. Finalmente, Anthony Martin, norteamericano también, aparece como el escapista con los números más peligrosos en su puesta en escena, como sin duda es el escapar, estando atado, de un cajón blindado lanzado a cuatro mil quinientos metros de altura desde un avión.

Harry Houdini: el Gran Escapista



Por supuesto, había que acabar con él, como el más famoso de los escapistas famosos que es. Nacido en Budapest (Hungría) en 1874 con el nombre de Erik Weisz, Harry Houdini empezaría mostrando sus dotes en humildes espectáculos ambulantes. Ya entonces el asistente quedaba impresionado con sus fugas. Como pionero, sus números han intentado copiarse y adaptarse, con mayor o menor éxito, por unos y otros: espectáculos de funambulismo entre rascacielos, shows con cadenas o huidas bajo el agua. Por la innovación que supuso, hay que referirse al número en que, atado y cabeza abajo, fue sumergido en un tanque de agua. Asimismo, ahí están las veces en que fue enterrado vivo, cuya primera ocasión casi le cuesta la vida.

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